Valles claros que enciende la tarde
lejanía crece en el remanso Poniente
es abismal gruta de preámbulos solitarios
la serena quietud que da una apacible mirada
el hervor incandescente de un día cualquiera
con el calor en mis pisadas hundidas en el asfalto.
Verdes valles pintados en un cuadro embellecen
el atrio de la oración del agua por el llano
cascadas de hojarascas caen del avellano
musitando sonido el canto rodado río abajo.
Se oculta la tempestad tras la calma
cuando el alma se serena sin aclamarla
el silencio sofocante de la noche en la vaguada
bello verde, verde prado, valles claros
oleadas brotando con su encanto
arropando las faldas de la Madre.
Se desliza la montaña piedra a piedra hacia lo alto,
Se desliza la montaña piedra a piedra hacia lo alto,
con trocitos de cuarzo, brillante adornado
desprovisto de cordones umbilicados
libre en la tarde de Poniente,
libre en la noche de verano,
apacible en los cielos otoñales.
apacible en los cielos otoñales.

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