Ven a mis brazos sin silencios,
rodéame el alma con tus alas,
cubriendo mis sentidos y recovecos,
adéntrate muy hondo en mi sendero.
Mírame con tus ojos de almendro,
recorriendo mi piel como en los versos,
dejando caer cada sílaba, bálsamo y epíteto,
revistiendo mi faz de alaridos sedientos.
Y en tus manos déjame fluir, bandolero
como el agua que en verano cae del cielo
aplacando la sed que me da tu fuego
abrasándome incandescente por dentro.
Insufla el elixir de los te quiero, mas
yo muero por tenerte, y muero y muero..
en el cuerpo que golpea dulcemente con su lava
aunque no existan tormentas, magma eléctrica palpitaba.

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