El intenso azul del cielo,
no agoniza ni palidece
el occiduo Sol estío
bañado de oro y ocre
su cabellera de coral.
Con su fulgor incandescente
el profundo mar se baña
tiñendo el horizonte de bermellón
la tarde que se escapa.
La redonda Luna pinta
con su rojo carmesí
el camino sobre las aguas diamantinas
en un crepúsculo nocturnal.
Sutil brisa se levanta
acariciando mi cara,
saturando las orillas
con aromas de mañanas.
Despidiendo un nuevo día
en lontananza titilando las estrellas
que quedaron lejanas,
en la quietud de la noche.
Sobre el llano y el camino
en resplandores el refugio que
mi alma asida lo despiertan tambores,
cataratas de auras reverberando mi calma.
Con aleteos inquietos
de primaveras cercanas
en la oscuridad más celosa,
sombra que a la sombra acompaña


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